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Chocós rikedomar kommer inte befolkningen till godo

Vid staden Lloró förenas Atrato- med Andáguedafloden, en synlig förening mellan ett ljusbrunt skummande vatten och ett något mer genomskinligt och mörkare. Människorna som bor utmed floderna är beroende av vattnet för att försörja och transportera sig, och för hushållsarbetet. Ändå är Andagueda en av de värst förerenade floderna i regionen Chocó.

Av Cocomopocas territorium är sjuttiofem procent licensierat till multinationella företag för gruvdrift.

Vi är ute med den etnoterritoriella organisationen Cocomopoca på deras resa genom sitt område. I olika delegationer med represantanter från organisationen, statliga institutioner, och andra nationella eller internationella organisationer ska vi besöka i stort sett alla samhällen i territoriet. Syftet är att samla in och sammanställa information om situationen och använda den i påverkansarbetet med auktoriteter.
När vi kommer från Quibdó till Lloró efter någon timmes båtresa tar vår delegation vänster upp på Atratofloden för att senare svänga in på floden Tumutumbudo. Utmed floden ser vi bara gruvdrift i liten skala, där folket arbetar för att utvinna Chocós rikedom – guldet – eller andra mineraler, och vattnet i Tumbutumbudo är fortfarande i stort sett kristallklart.

Everlides Cossío Rentería  är en av ledarna i Cocomopoca, en etnoterritoriell organisation som ställer sig kritiska till gruvdriften på deras territorium.

Mina kollegor tar istället höger vid Lloró upp på floden Andagueda. Där är bilden en annan och vattnet inger inte samma lockelse för att ta ett dopp trots den tryckande värmen. Längs Andaguedan bedrivs gruvdrift med större maskiner och de föroreningar som orsakats av dessa har starka konsekvenser på samhället och hälsan hos dess invånare. Chocó är otroligt rikt på naturresurser, vilket drar många, både nationella och internationella, investerare till sig, men trots floden Andaguedas rikedom på guld gynnar den inte samhällena. På både Andagueda och Tumutumbudo var budskapet från invånarna tydligt;

bristen på sjukvård och utbildning är allvarlig och staten måste ta sitt anvar i frågan.

I flera samhällen saknas skolor och ett samhälle har de senaste tio åren fått improvisera med att bedriva skola i kapellet. I Boca de Tumutumbudo berättar invånarna att brädor från taket ramlar ned med jämna mellanrum, att det regnar in, och att det dessutom finns ormar i skolan som ibland kryper fram bakom svartatavlan. Svaret från myndigheterna förblir tystnad.

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I samhället Gervacio på floden Tumutumbudo läcker det in vatten genom skolans tak och byggnaden har därför allvarliga fuktskador.

Som vi berättat i tidigare inlägg har samhället Piedra Honda på floden Andagueda både historiskt och nyligen drabbats hårt av konlikten, senast i ett bombanfall av militären mot gerillan ELN i april. Konsekvenserna hos människorna sitter djupt, speciellt hos barnen som klänger sig fast hårt vid sina föräldrar. Nära Piedra Honda bedrivs gruvdrift och kilon, eller antagligen ton, av guld har hittats och färdats från samhällena. Men ingen av rikedomen blir egentligen kvar – livskvalitén hos befolkningen har inte blivit bättre än för de på Tumutumbudo. Det som hänt är att de fått en förorenad flod som ger sjukdomar och problem, istället för att vara en källa till liv.

Text och foto: Julia Andén, fredsobservatör Kristna Fredsrörelsen i Quibdó

La seguridad de la población civil es afectada por bombardeos en el Chocó

En menos de un mes la población civil en la zona del Alto Andágueda, municipio de Bagadó, Chocó, sufrió las consecuencias de dos bombardeos por parte de la Fuerza Pública contra la guerrilla del ELN. Los acontecimientos han provocado desplazamientos, restricciones en la movilidad y daños materiales en las comunidades.

Los bombardeos ocurrieron en marzo y abril en cercanías de la comunidad de Piedra Honda y el resguardo Tahamí en el Alto Andágueda, ocasionando daños en las viviendas, confinamientos y el desplazamiento de más de 700 personas de cinco comunidades dentro del resguardo[1]. Cabe enfatizar que no es la primera vez que la población del resguardo sufre las consecuencias del conflicto armado[2].

Después de los bombardeos se encontraron restos de los artefactos explosivos en la comunidad de Piedra Honda.

Martín Tequia Manugama, consejero de AsOrewa[3], explica que desde hace varios años se vienen presentando enfrentamientos y bombardeos en el Alto Andágueda y expresa:

La gente tiene miedo y manifiesta temor y dolor por lo que sucede en su tierra. Ya no se confía de que se va a calmar la zona.

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Martín Tequia Manugama, consejero, y Helfer Andrade Casama, presidente de la Asociación indígena AsOrewa, comparten con la población negra la preocupación sobre la situación en la zona.

La última exigencia de la comunidad de Piedra Honda, es que no se involucre a la población civil en el conflicto armado. Esto fue manifestado frente a la Comisión de Verificación que viajó a la comunidad a finales de abril en la que participaron Cocomopoca[4], la Defensoría del Pueblo, Diócesis de Quibdó y SweFOR. Lo mismo expresan las organizaciones étnico-territoriales Cocomopoca y AsOrewa en un comunicado apoyado por la Diócesis de Quibdó y el Foro Interétnico Solidaridad Chocó – FISCH.[5]

Además, un líder de Cocomopoca de la zona insiste que:

El gobierno tiene que dar mucho a esta comunidad para que haya paz y tranquilidad.

La presencia de las entidades civiles del Gobierno es una exigencia permanente.

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Adolfo Guevara, Américo Mosquera, Stuard Mena, Luis Abel Rentería y Asnoraldo Mosquera de Cocomopoca en una reunión en Piedra Honda en septiembre 2014 destacan que la militarización de la zona es una amenaza para la seguridad de la población civil.

Las organizaciones exigen, además el respeto al DIH, que los actores armados respeten la autonomía y los reglamentos internos de cada organización étnico-territorial, así como los bienes comunitarios y el territorio colectivo.[5]

Dos meses después de las últimas operaciones militares, el presidente de AsOrewa, Helfer Andrade Casama, explica la complejidad de la situación, no sólo tiene que ver con los bombardeos, sino también con el hecho de que las poblaciones del Alto Andágueda están en proceso de retorno de Bogotá.

Ahora hay desplazamientos internos en la zona y existe el riesgo de que se desplacen por fuera de nuevo.

 

[1] OCHA Flash Update

[2] OCHA Informe Flash MIRA

[3] Asociación de Cabildos Indígenas Embera, Wounaan, Katío, Chamí y Tule del Departamento del Chocó

[4] Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato

[5] Comunicado Cocomopoca, AsOrewa, FISCH, Diócesis de Quibdó

 

 

Años de lucha por la justicia de sus padres asesinados

“Mi padre luchaba contra la desigualdad social, económica y política en el país”, dice Shaira Rivera. Su padre, Guillermo Rivera, fue desaparecido y posteriormente asesinado en el 2008. Su caso es uno de tantos en este país donde no se han visto avances en las investigaciones judiciales. Colombia es el tercer país con el más alto nivel de impunidad en el mundo,[1] lo que ha motivado a hijos e hijas a unirse en contra de la impunidad y en la búsqueda de la justicia en los casos de sus padres asesinados en diferentes circunstancias.

Los padres de Mauricio Castilla, Diana Gómez y Shaira Rivera, integrantes de la organización Hijos e Hijas por la Memoria y Contra la Impunidad, fueron asesinados debido a sus actividades laborales o por hacer parte del movimiento social colombiano. Según Diana Gómez, hija de Jaime Gómez, el hecho de que se han dado pocos avances en la investigación de los tres casos

demuestra la impunidad que hay en el país.

Diana y Jaime B&W

Para Mauricio Castilla, Diana Gómez y Shaira Rivera el apoyo que encuentran en la organización Hijos e Hijas es fundamental, pero Diana Gómez agrega que para lograr su objetivo, “es necesario una reforma institucional al sistema de justicia en el país, hay demasiada impunidad”.

Jaime Gómez, sindicalista y asesor político de Piedad Córdoba, fue encontrado muerto en el Parque Nacional en Bogotá en el 2006, un mes después de que fue desaparecido durante una caminata. A pesar de que su cuerpo tenía señales de tortura, “tuvieron que transcurrir ocho años para establecer definitivamente que se trataba de un homicidio y no un accidente”[2].

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Shaira Rivera quiere que “se garantice la posibilidad de hacer oposición política en Colombia sin ser perseguido”, razón por la cual ella considera que su padre fue asesinado.

Otro sindicalista desaparecido y asesinado en el 2008 fue Guillermo Rivera, quien, según un testigo[3], fue interceptado por patrulleros de la Policía Nacional cerca de su residencia en Bogotá. Su cuerpo fue encontrado en Ibagué tres meses después con señales de estrangulamiento y tortura. La hija de Rivera exige

justicia en términos de verdad, no solamente frente a los actores materiales, sino para saber quiénes dieron las órdenes y por qué razones.

Los casos de Jaime Gómez, Clodomiro Castilla y Guillermo Rivera tienen un patrón en común: la impunidad y la persecución y amenazas a los familiares que han decidido establecer la verdad y que se haga justicia. Por ejemplo, Shaira Rivera ha experimentado frecuentemente actos intimidatorios y persecuciones por buscar la verdad en el caso de su padre. Por otra parte, Diana Gómez se vio obligada a exiliarse en el 2008 por las constantes amenazas en su contra y ha sido objeto de hostigamientos y señalamientos cada vez que ha regresado al país e incluso fuera de Colombia en desarrollo de sus actividades como activista; mientras que Mauricio Castilla ha sido víctima de amenazas, persecución y rechazo por buscar la verdad sobre la muerte de su padre, Clodomiro Castilla, periodista investigativo, quien denunciaba abiertamente casos de corrupción en Córdoba. Él fue asesinado en la terraza de su casa en el 2010, cinco días antes de dar su testimonio ante la justicia en un caso relacionado con la parapolítica.

Hijos Monteria Mauricio

Desde que fue amenazado, SweFOR acompaña a Mauricio Castilla tanto en su vida laboral y cotidiana como en reuniones de incidencia con autoridades.

“Me ha dado valor el asesinato de mi padre”, dice Mauricio Castilla, quien ha seguido los pasos de él como periodista investigativo en Córdoba. Consciente de los riesgos que esta labor implica, insiste en que

hay que seguir, firme y combatiente, ¡no podemos callarnos!

Diana Gómez ya está definitivamente de vuelta en Colombia, convencida de seguir buscando la justicia, exigiendo que la Fiscalía ponga los recursos necesarios para lograr esto. A pesar de la larga espera, Shaira Rivera sigue confiada en que se hará justicia, “esa esperanza tenemos todos los familiares que hemos vivido lo mismo, si no, no seguiríamos en la lucha”.

 

[1] Índice Global de Impunidad – IGI 2015

[2] Comisión Colombiana de Juristas

[3] El Espectador y entrevista con Shaira Rivera.